Espanhol — CACD 2014

CESPE/UnB · CACD – 3ª fase (Espanhol e Francês) · 100 itens · julgue cada item como Certo ou Errado

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Charge de Quino. Num escritório luxuoso, um banqueiro gordo e satisfeito está sentado atrás de uma enorme mesa; na parede atrás dele há um grande quadro de Goya da série Los Desastres de la Guerra (um homem enforcado numa árvore e soldados atacando pessoas). Diante da mesa, numa cadeirinha, um cliente pequeno e encolhido. Legenda (fala do banqueiro): “La filosofía de nuestro Instituto de Crédito se inspira en una sana voluntad de socorrer económicamente a quien lo necesite, otorgando préstamos en efectivo que, lógicamente, deben ser restituidos luego por el cliente con la estricta puntualidad de plazos y los intereses que juzguemos más adecuados, a fin de no vernos obligados a abandonar el humanitario espíritu de solidaridad que nos anima”.

Quino. ¡Cuánta Bondad!. Ediciones de la flor. Buenos Aires, 2009 (con adaptaciones).

  1. 1.

    Según la ideología del Instituto de Crédito, se socorre a quien no lo requiere.

  2. 2.

    Vivió fuera de su país.

  3. 3.

    Según la ideología del Instituto de Crédito, los préstamos se han de entregar cuando se pueda.

  4. 4.

    Fue ilustrado.

  5. 5.

    Según la ideología del Instituto de Crédito, la entidad financiera entrega a plazos la cantidad de capital que se pide en el contrato.

  6. 6.

    Trabajó para la Corte.

  7. 7.

    Realizó Los Desastres de la Guerra en cartones para tapices.

  8. 8.

    Según la ideología del Instituto de Crédito, los lucros los asigna el beneficiario de la cantidad de dinero que se solicita.

1Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mipadre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo leprometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus4manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yoen un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo—merecomendó—. Se llama de este modo y de este otro. Estoy7segura de que le dará gusto conocerte.”Entonces no pude hacerotra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se loseguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo10zafarse de sus manos muertas. Todavía antes me había dicho:—No vayas a pedirlenada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y13nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselocaro. —Así lo haré, madre.16Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahorapronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a lasilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo19alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado PedroPáramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. Era esetipo de canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente,22envenenado por el olor podrido, de las saponarias. El camino subía y bajaba; “sube o baja según se va o seviene. Para el que va, sube; para el que viene, baja.”25—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se veallá abajo? —Comala, señor.28—¿Está seguro de que ya es Comala? —Seguro, señor. —¿Y por qué se ve esto tan triste?31—Son los tiempos, señor. Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos demi madre; de su nostalgia entre retazos de suspiros. Siempre34vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamásvolvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ellamiró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver:37“Hay allí, pasando el puerto de los Colimotes, la vistamuy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maízmaduro; desde ese lugar se ve Comala, blanqueando por la tierra,40iluminándola durante la noche.” Y su voz era secreta, casiapagada, como si hablara consigo misma... Mi madre. —¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber?—oí43que me preguntaban. —Voy a ver a mi padre—contesté. —¡Ah!—dijo él.46Y volvimos al silencio. Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado delos burros. Los ojos reventados por el sopor del sueño, en la49canícula de agosto. —Bonita fiesta le va a armar—volví a oír la voz delque iba allí a mi lado—. Se pondrá contento de ver a alguien52después de tantos años que nadie viene por aquí. Luego añadió: —Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.55En la reverberación del sol, la llanura parecía unalaguna transparente, deshecha en vapores por donde setraslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de58montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía. —¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber? —No lo conozco—le dije—. Sólo sé que se llama61Pedro Páramo. —¡Ah!, vaya. —Sí, así me dijeron que se llamaba.64Oí otra vez el “¡ah!” del arriero.

Juan Rulfo. Pedro Páramo. Cátedra. Madrid, 2005 (con adaptaciones).

  1. 9.

    El vástago que buscaba a Pedro Páramo cumplió la promesa que hizo a la madre moribunda.

  2. 10.

    En las líneas 13 y 15, el vocablo “lo” se refiere a cosas diferentes.

  3. 11.

    El vástago que buscaba a Pedro Páramo acarició con ternura las muñecas de la madre.

  4. 12.

    En las líneas 13 y 15, el vocablo “lo” no sustituye nada.

  5. 13.

    El vástago que buscaba a Pedro Páramo agarró las manos de la madre con serenidad.

  6. 14.

    El hijo de Pedro Páramo, antes de llegar a Comala, disfruta del ambiente primaveral.

  7. 15.

    El hijo de Pedro Páramo, antes de llegar a Comala, sube un cerro.

  8. 16.

    En la expresión “de tanto decírselo se lo seguí diciendo” (R.8 y 9), el vocablo “lo” sustituye al nombre del padre.

  9. 17.

    El hijo de Pedro Páramo, antes de llegar a Comala, conversa con avidez con una mujer.

  10. 18.

    En la expresión “de tanto decírselo se lo seguí diciendo” (R.8 y 9), el vocablo “lo” representa la alegría que tendrá el padre al ver al hijo.

  11. 19.

    El vástago que buscaba a Pedro Páramo soltó con tranquilidad la mano de la madre.

  12. 20.

    En las líneas 13 y 15, el vocablo “lo” hace relación al contacto inexistente entre la madre y el padre.

  13. 21.

    Para la madre, Comala se ubica en una comarca montañosa.

  14. 22.

    En la expresión “de tanto decírselo se lo seguí diciendo” (R.8 y 9), el vocablo “se” no suple a nadie.

  15. 23.

    Para la madre, Comala está rodeada de plantaciones de remolacha.

  16. 24.

    Para la madre, Comala está en una región árida e inhóspita.

  17. 25.

    En las líneas 13 y 15, el vocablo “lo” se utiliza para hablar de la vida de diálogo que había entre la madre, el padre y el hijo.

  18. 26.

    El hijo de Pedro Páramo, antes de llegar a Comala, dialoga con un pastor que va con dos mulas.

  19. 27.

    Para la madre, Comala es un lugar oscuro en la noche.

  20. 28.

    En la expresión “de tanto decírselo se lo seguí diciendo” (R.8 y 9), el vocablo “se” suplanta al padre.

1Deploro, señores, haber tenido que intercalar entreustedes y mi persona este mecánico artefacto que es unmicrófono, porque, sobre mecanizar crudamente la voz, es4decir, una de las cosas en que más íntegramente se proyecta eimprime el hombre, en que más auténticamente una personaes—y esto lo saben muy bien las mujeres—, sobre eso tiene el7inconveniente de que a veces no marcha bien. Pero eraineludible emplearlo y aun debemos estar agradecidos a susservicios. Era ineludible, porque en la primera lección no10conseguí ser oído en las profundidades de esta sala, pero,además, porque me obligaba a forzar la elocución, y en ello lode menos es tener que esforzar la voz. Lo de más es que me13compelía a vocalizar anormalmente, pronunciando porseparado cada palabra, esto es, arrancándola de la frase,poniéndola en la honda de la voz y lanzándola al espacio como16si fuese un proyectil, con lo cual resultaba que perdía yo elritmo del decir y ni siquiera yo mismo reconocía los vocablostan anómalamente pronunciados, hasta el punto de que alguna19vez, cuando hablaba a ustedes de la nostalgia no estaba segurode si había dicho más bien “hiperclorhidria”. Son esos secretosapuros del orador que no suelen ser flojos y que proporcionan22a su faena un evidente dramatismo y un cierto peligro comotauromáquico. (…) Si queremos conocer lo que es una hoja y nos25ponemos a mirarla, pronto advertiremos que nuestra previaidea de hoja no coincide con la realidad hoja por la sencillarazón de que no podemos precisar dónde eso que llamábamos28hoja termina y dónde empieza otra cosa. Descubrimos, enefecto, que la hoja no concluye en sí misma, sino que continúa;continúa en el pecíolo, a su vez, en la rama, y la rama en el31tronco y el tronco en las raíces. La hoja, pues, no es unarealidad por sí que pueda aislarse de lo demás. Es algo quetiene su realidad en cuanto parte de algo que es el árbol, el34cual, en comparación con lo que llamábamos hoja, adquiereahora el carácter de un todo. Sin ese todo no tienecomprensibilidad, no es inteligible para nosotros la hoja. Pero37entonces, cuando hemos advertido y nos hemos hecho cargo deque la realidad de la hoja es el ser parte, el ser parte integrantedel todo árbol y la hemos referido a él y la vemos en él nacer40y averiguamos la función que en su conjunto sirve, por tanto,cuando nuestra mente, por decirlo así, sale de la hoja y va aalgo más amplio—el todo que es el árbol—, entonces y sólo43entonces podemos decir que conocemos lo que la hoja es.Hasta tal punto es esto así, de tal modo la hoja tiene condiciónde ser parte que cuando en vez de contemplarla en el árbol46donde está siendo hoja la separamos de él decimos que lahemos cortado o arrancado—expresiones que declaran laviolencia que hemos hecho sufrir a la hoja y al árbol. Más aún,49al tenerla aislada entre nuestros dedos, cuando podría parecerun todo—dado, repito, que cupiera decidir dónde ella acaba ydónde empieza el pecíolo o la rama—, cuando aislada entre52nuestros dedos podría dárselas de ser un todo, en ese momentoempieza ya a no ser hoja sino un detritus vegetal que prontoacabará por desintegrarse. Esta relación de parte a todo es una55de las categorías de la mente y de la realidad, sin la cual no esposible esta gran operación que es el conocimiento. Esto nospermite generalizar y decir: las cosas todas del mundo real o58son partes o son todos. Si una cosa es parte no resultainteligible sino en cuanto la referimos al todo cuya es. Si unacosa es todo puede ser entendida por sí misma sin más que61percibir las partes de que se compone. Esto vale para todos losórdenes de lo real. Por ejemplo, vale también para la realidaddel lenguaje. Si yo pronuncio ahora la palabra “león”, sin más,64resulta a ustedes ininteligible porque no pueden determinar sisignifica la ciudad de León, alguno de los Papas que llevaroneste nombre, la ilustre fiera africana o uno de los leones que67hay en la entrada del Congreso.58La palabra aislada no puede ser entendida porque esparte de un todo, como la hoja lo era del árbol, de un todo quees la frase, como la frase, a su vez, es parte de un todo, una61conversación, o de otro todo, un libro. La palabra, comoustedes saben, es siempre equívoca y para precisar su sentidohace falta, aparte de la perspicacia que la vida nos enseña, toda64una ciencia y de las más sugestivas e interesantes y de la queha de ocuparse largamente el Instituto de Humanidades: laciencia de la interpretación o hermenéutica. La labor principal67de esta ciencia consiste en saber determinar a qué todosuficiente hay que referir una frase y una palabra para que susentido pierda el equívoco. A ese todo en el cual la palabra se70precisa llaman los hermeneutas y gramáticos el “contexto”.Pues bien, toda cosa real que es una parte reclama del todo, desu contexto, para que podamos entendernos. Una duda, sin73embargo, se nos ofrece: tomado el árbol hasta su raíz, portanto, siendo lo que es, nos parecía un todo—lo que la biologíallama con ciertas inquietudes que ahora no interesan ”un76individuo orgánico”—; pero es el caso que el árbol necesitapara vivir de la tierra y de la atmósfera, y resulta, por tanto,ininteligible si no contamos con estas dos nuevas cosas. ¿Será79entonces que el árbol entero, a su vez, forma parte de un nuevoy más auténtico todo, a saber: el que forman de consuno él y sumedio? No vamos a dirimir la cuestión, que es más complicada82de lo que parece, porque en lo que al presente nos afecta escosa clara. En efecto, ese nuevo y más complejo todo queformarían el árbol y su medio no es tal, por la sencilla razón de85que la tierra y la atmósfera no necesitan del árbol, aunque elárbol necesite de ellas. Arrancado el árbol, tierra y atmósferasubsisten—y no se traiga a comento que arrancado y88desgajando los bosques todos de una región el clima semodifica y tierra y atmósfera varían, porque ahora estamoshablando simplemente de arrancar un árbol y esto es palmario91que no modifica ni la tierra ni la atmósfera. No son estas, pues,partes integrantes de un nuevo todo, sino que son sólo contornoy medio externo de que el árbol va a vivir y solo en ese papel94son biológicamente inteligibles, es decir estudiadas desdedentro del árbol, desde su interna constitución. Transportemos ahora todo esto al plano de la realidad97histórica. (…)

José Ortega y Gasset. Una interpretación de la historia universal (En torno a Toynbee). Alianza Editorial. Madrid, 1984 (con adaptaciones).

  1. 29.

    Según el texto, tanto las palabras como las cosas al ser parte solo las entendemos mucho después de referirlas al todo.

  2. 30.

    El término “aun” (R.8) se puede sustituir, sin pérdida semántica, por ni siquiera.

  3. 31.

    Según el texto, comprendemos una hoja al entenderla en el todo del que forma parte.

  4. 32.

    Para el ponente, el árbol es claro que forma parte de otro todo más enmarañado.

  5. 33.

    Del texto es correcto inferir que cuando tenemos la hoja en nuestras manos separada del árbol ya no es una hoja.

  6. 34.

    Según el texto, comprendemos una hoja al hablar de ella.

  7. 35.

    Según el texto, tanto las palabras como las cosas al ser parte las entendemos al ponerlas en relación con el todo.

  8. 36.

    El conferenciante utiliza en su faena dialéctica la hoja, el árbol y la palabra para expresar el trabajo de la biología.

  9. 37.

    Hablar ante un micrófono a un grupo de personas constituye una faena que produce en el ensayista una confusión entre el sentido de la palabra y el vocablo pronunciado.

  10. 38.

    Según el texto, comprendemos una hoja cuando la tocamos, la vemos, la degustamos, la olemos, la oímos sin salir de ella.

  11. 39.

    El conferenciante utiliza en su faena dialéctica la hoja, el árbol y la palabra para introducirnos en la plática sobre el contexto histórico.

  12. 40.

    El término “aun” (R.8) se puede sustituir, sin pérdida semántica, por todavía.

  13. 41.

    Para el ponente, el árbol vive en armonía con su medio.

  14. 42.

    Del texto es correcto inferir que cuando tenemos la hoja en nuestras manos separada del árbol aparenta ser una hoja.

  15. 43.

    Según el texto, tanto las palabras como las cosas al ser parte pueden mostrar que son otra cosa.

  16. 44.

    A partir del texto, es correcto inferir que la palabra es hermenéutica.

  17. 45.

    A partir del texto, es correcto inferir que la palabra todo el mundo la entiende.

  18. 46.

    Según el texto, comprendemos una hoja cuando la estudiamos por separado.

  19. 47.

    A partir del texto, es correcto inferir que la palabra es inexacta.

  20. 48.

    El término “aun” (R.8) se puede sustituir, sin pérdida semántica, por claramente.

  21. 49.

    Para el ponente, el árbol vive separadamente de su ambiente.

  22. 50.

    Del texto es correcto inferir que cuando tenemos la hoja en nuestras manos separada del árbol comienza a ser otra realidad.

  23. 51.

    El conferenciante utiliza en su faena dialéctica la hoja, el árbol y la palabra para exponer la tarea de la hermenéutica.

  24. 52.

    A partir del texto, es correcto inferir que la palabra es dudosa.

  25. 53.

    Cuando algo “es palmario” (R.90) se quiere decir que es confuso.

  26. 54.

    Hablar ante un micrófono a un grupo de personas constituye una faena que produce en el ensayista una sensación placentera.

  27. 55.

    Cuando algo “es palmario” (R.90) se quiere decir que es parecido a una palma.

  28. 56.

    Hablar ante un micrófono a un grupo de personas constituye una faena que produce en el ensayista una dicción enlazada de los vocablos.

  29. 57.

    El conferenciante utiliza en su faena dialéctica la hoja, el árbol y la palabra para departir sobre la ocupación principal de los gramáticos.

  30. 58.

    Del texto es correcto inferir que cuando tenemos la hoja en nuestras manos separada del árbol es una hoja completa.

  31. 59.

    Cuando algo “es palmario” (R.90) se quiere decir que es vago.

  32. 60.

    Hablar ante un micrófono a un grupo de personas constituye una faena que produce en el ensayista una vocalización uniforme.

  33. 61.

    Según el texto, tanto las palabras como las cosas al ser parte no las entendemos por sí solas.

  34. 62.

    El término “aun” (R.8) se puede sustituir, sin pérdida semántica, por incluso.

  35. 63.

    Para el ponente, el árbol es evidente que es un todo completo.

  36. 64.

    Cuando algo “es palmario” (R.90) se quiere decir que es igual a la palma de la mano.

Tirinha da Mafalda em duas partes. Parte 1 (três quadros): Manolito pergunta “¿A tu papá? ¡No me digas! ¿Y cómo le chocaron el auto?”; Mafalda conta: “Y, mi papá iba por una avenida, y al llegar a una esquina apareció de pronto otro que ¡zas!…” e “…le abolló todo el presupuesto del mes, los nervios, la alegría de tener auto, el carácter, la confianza en los demás y un guardabarro”. Parte 2 (cinco quadros, à mesa de jantar e depois num bar): a mãe diz ao pai “Bueno, comé, ¡ya lo contaste tantas veces!…”; o pai, irritado, repete: “¡Es que no entiendo cómo me chocó ese bestia! Yo venía por aquí, esta es la avenida…”, “…cuando al llegar a la bocacalle veo aparecer de pronto al animal ese que venía como un loco”, “…porque sólo a un loco se le ocurre cruzar así una avenida, decí que lo vi a tiempo…”, “y que tengo reflejos rápidos, así que clavé los frenos, pero el muy degenerado, en lugar de…”; no último quadro, no bar, ele continua contando a história a um garçom.

Quino. Todo Mafalda. Barcelona. Lumen, 1992 (con adaptaciones).

  1. 65.

    Las formas verbales “comé” y “decí” que aparecen en la historieta, se emplean en Argentina en presencia de menores.

  2. 66.

    Mafalda relata un problema mecánico en el auto de su padre.

  3. 67.

    Lo acontecido en la viñeta le supuso al padre de Mafalda pasar a tener una vida más sosegada.

  4. 68.

    Lo acontecido en la viñeta le supuso al padre de Mafalda tener más recursos económicos hasta llegar al fin del mes.

  5. 69.

    Las formas verbales “comé” y “decí” que aparecen en la historieta, se utilizan en Argentina cuando se está crispado.

  6. 70.

    El padre de Mafalda ocasionó un accidente de tráfico.

  7. 71.

    Lo acontecido en la viñeta le supuso al padre de Mafalda cambiar un parachoques del carro.

  8. 72.

    El vocablo “abolló” se utiliza con el sentido de beneficiar.

  9. 73.

    Lo acontecido en la viñeta le supuso al padre de Mafalda fiarse más de las personas.

  10. 74.

    Al padre de Mafalda le cuentan, en casa y en un bar, un accidente.

  11. 75.

    Las formas verbales “comé” y “decí” que aparecen en la historieta, las usan las mujeres chilenas.

  12. 76.

    Las formas verbales “comé” y “decí” que aparecen en la historieta, son propias de los adultos.

Tirinha da Mafalda em seis quadros. O pai, no banheiro, pede: “Por favor, ¿pueden alcanzarme las pantuflas?”; a mãe, na cozinha, repassa: “Por favor, Mafalda, ¿podés alcanzarle las pantuflas a tu padre?”; Mafalda repassa: “Por favor, Guille, ¿podés alcanzarle las pantuflas a papá?”; o bebê Guille, sentado no chão, balbucia “Pod fav…” e fica pensativo com o dedo na boca; no último quadro, Guille atira as pantufas em direção ao pai, que aparece na porta (onomatopeia “¡PAF!”).

Quino. Todo Mafalda. Barcelona. Lumen, 1992 (con adaptaciones).

  1. 77.

    De acuerdo con la tira de arriba, el padre solicita unas babuchas, y Guille se las lanza a su hermana.

  2. 78.

    De acuerdo con la tira de arriba, el padre solicita unas babuchas, y Mafalda se las alcanza.

  3. 79.

    De acuerdo con la tira de arriba, el padre solicita unas babuchas, y la madre nos las da.

  4. 80.

    De acuerdo con la tira de arriba, el padre solicita unas babuchas, y finalmente, su hijo le entrega las chinchetas.

¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento si soy del vano dedo señalado; si, en busca deste viento, ando desalentado con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río! ¡Oh secreto seguro, deleitoso!, roto casi el navío, a vuestro almo reposo huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño, un día puro, alegre, libre quiero; no quiero ver el ceño vanamente severo de a quien la sangre ensalza, o el dinero.

Despiértenme las aves con su cantar sabroso no aprendido; no los cuidados graves de que es siempre seguido el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo; gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas, sin testigo, libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera, por mi mano plantado tengo un huerto, que con la primavera, de bella flor cubierto ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa por ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada, el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada, de verdura vistiendo y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea y ofrece mil olores al sentido; los árboles menea con un manso ruido, que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro los que de un falso leño se confían; no es mío ver el lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena cruje, y en ciega noche el claro día se torna; al cielo suena confusa vocería, y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla mesa de amable paz bien abastada, me baste; y la vajilla, de fino oro labrada sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable- mente se están los otros abrazando con sed insaciable del peligroso mando, tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido, de yedra y lauro eterno coronado, puesto el atento oído al son dulce, acordado, del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León. Poesías completas. Clásicos Castalia. Madrid, 2001 (con adaptaciones).

  1. 81.

    En conformidad con el texto, el poeta renacentista ya vive plenamente la realidad que le deleita.

  2. 82.

    De estos versos podemos colegir que los lumbreras de este mundo buscan las riquezas y la fama.

  3. 83.

    El texto, que es una lira de un catedrático de la Universidad de Salamanca, se conoce como El Sibarita Perenne.

  4. 84.

    El autor es feliz con una mesa que tiene lo necesario.

  5. 85.

    El texto, que es una lira de un catedrático de la Universidad de Salamanca, no tiene título oficial.

  6. 86.

    El texto, que es una lira de un catedrático de la Universidad de Salamanca, se conoce como Vida Retirada.

  7. 87.

    En el texto, la Sabina del poeta la atraviesa el agua de una fuente.

  8. 88.

    De estos versos podemos colegir que los lumbreras de este mundo recorren la vereda de la interioridad.

  9. 89.

    En el texto, la Sabina del poeta produce hortalizas plantadas por el sabio.

  10. 90.

    En el texto, la Sabina del poeta está cerca de un río.

  11. 91.

    En conformidad con el texto, el poeta renacentista se siente entusiasta por la fama, la nobleza y el dinero.

  12. 92.

    De estos versos podemos colegir que los lumbreras de este mundo huyen de la música y de la tranquilidad.

  13. 93.

    El autor se deleita con el canto de las aves al despertar.

  14. 94.

    El autor se siente dichoso con las habladurías de la gente.

  15. 95.

    En conformidad con el texto, el poeta renacentista describe un deseo que es, hasta el momento, un sueño.

  16. 96.

    En el texto, la Sabina del poeta está en la falda de un cerro.

  17. 97.

    De estos versos podemos colegir que los lumbreras de este mundo procuran el poder y los negocios.

  18. 98.

    En conformidad con el texto, el poeta renacentista busca la vida ensimismada en el retiro.

  19. 99.

    El texto, que es una lira de un catedrático de la Universidad de Salamanca, se conoce como Canción de la Vida Solitaria.

  20. 100.

    El autor prefiere cantar y escuchar música echado a la sombra en lugar del poder.

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